TURISMO

Después de más de una década de ausencia, Rusia realizó un regreso estrepitoso al turismo espacial, en pleno auge del sector, y ahora aspira a hacerse con una buena parte del mercado, pese a la competencia anglosajona.

 

A bordo de una cápsula Soyuz, un multimillonario japonés y su asistente viajaron a la Estación Espacial Internacional (ISS) el 8 de diciembre para una estancia de 12 días, que finaliza hoy.

 

Este viaje, realizado en colaboración con la empresa estadounidense Space Adventures, aportó decenas de millones de dólares a la agencia espacial rusa Roscosmos, un maná que necesita desesperadamente.

 

Animado por este éxito, el jefe de Roscosmos, Dmitry Rogozine, desveló sus próximos proyectos: proponer a los ricos salidas extravehiculares al espacio, e incluso llevarlos a dar la vuelta a la Luna.

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«No vamos a dejar esta oportunidad a los estadounidenses. Estamos listos para luchar», lanzó Rogozine después de la llegada del multimillonario japonés, Yusaku Maezawa, a la ISS.

 

Este discurso y el rodaje este otoño boreal de una primera película de ficción en ingravidez a bordo de la ISS tienen como objetivo poner fin a los años negros del sector espacial ruso.

 

Antaño un actor dominante, el país se estancó tras la caída de la URSS a fuerza de escándalos de corrupción, recortes presupuestarios, retrasos en serie e incidentes técnicos que ilustran la antigüedad de sus equipos

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Pero en el naciente sector del turismo espacial para los más ricos, Rusia se propone imponerse como un actor clave frente al auge de los ambiciosos multimillonarios estadounidenses Elon Musk y Jeff Bezos, así como del británico Richard Branson, que venden a precio de oro los primeros vuelos de pocos minutos o de pocos días al espacio.

 

Verdadera experiencia espacial

 

Para compensar esta pérdida de decenas de millones de dólares, Rusia recurrió al turismo espacial para multimillonarios, un negocio que desarrolló durante algún tiempo en la década de 2000.

 

«La industria espacial rusa necesita pedidos regulares» para financiarse, explica a la AFP un analista del sector, Vitali Iegorov. El importe pagado por un solo turista -estimado entre 51 y 62 millones de dólares- financia la construcción de un Soyuz, que puede transportar una tripulación de tres personas hasta la ISS, subraya.

 

Sin embargo, el desarrollo del turismo espacial va más allá de las meras consideraciones monetarias.

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Rusia desea estar a la vanguardia y propone ahora una verdadera experiencia espacial de casi dos semanas y no un corto vuelo en una órbita baja.

 

Pero en la actualidad, la capacidad rusa sigue siendo limitada y Rogozine indicó el jueves que quería producir hasta cuatro Soyuz al año para aumentar el tamaño de la flota rusa.

 

Porque, como señala el Iegorov, «la competencia empieza a hacer estragos», en particular con SpaceX que quiere llevar a los turistas a la Luna a partir de 2023, cuando Roscosmos no cree poder hacerlo antes de 2030.

 

Por su parte, Rogozine sueña incluso con construir una estación espacial rusa con un módulo para turistas. Una especie de hotel orbital.